SEPTIEMBRE, MES DE CAMBIOS.

POR JOSE M. SANTOS.

Para mí, septiembre siempre ha sido el mes del cambio. Del volver a empezar. Es el equivalente a enero, pues en ellos suelo ponerme retos como adquirir nuevos hábitos, ser mejor persona o retomar esos idiomas que cada vez se van oxidando más en la mente. Es, quizás, una segunda oportunidad para no sentirme tan mal conmigo mismo si llega el nuevo año y no los he cumplido.

Pero esta vez voy en serio. Porque estoy convencido y porque es un único objetivo, que hace un gran bien. Tanto a mí como al planeta. Ya escribí una columna sobre el problema de los plásticos -si aún no lo has leído, es un buen momento para hacerlo- ahora voy a hablar sobre mi firme decisión de reducir productos con este material.

Quien me conoce sabe, que, a parte de leer y escribir, me apasiona el mundo de la cosmética y belleza. Me cuido bastante la piel. La tengo grasa, por lo que a la mínima que me descuide, me salen granitos e imperfecciones. Pero a lo que iba, quiero reducir lo máximo posible el uso de plásticos y envases en mis productos de belleza y en todos aquellos de uso diario. Busco que sea un producto natural, que no testen en animales y que sea desnudo -sin envase- o que, si lo usan, sea de metal para reutilizar, cristal o papel. Pero no de plástico. ¡Casi nada! 

He visto como, con esta descripción la gran mayoría de las grandes firmas de cosmética quedan descartadas. Y las pocas que aún han pasado el filtro, tienen un precio elevado. Pero pensar en el bien que estoy realizando, me anima a seguir por este camino. Quizás el problema sea que no necesito tantos cosméticos.

Por otro lado, mi neceser de baño ha visto cómo me despedía de aquellos cepillos de dientes convencionales y los reponía por uno de bambú; cómo los bastoncillos de los oídos eran todos de papel y algodón o cómo apareció una pastilla de jabón para el aseo de manos, en vez de un expendedor de este material tan contaminante. 

Lo más difícil, visto lo visto, es cambiar a productos que, creo, no tienen un equivalente ecológico. Por ejemplo, maquillaje, líquidos para la limpieza de lentillas, maceteros donde vienen las plantas en los viveros, electrónica y electrodomésticos…  pero aún así, intentaré usar todos aquellos que tengan menos. Y por supuesto, reciclando.

A simple vista puede parecer que mi gesto es ínfimo. Una gota de agua en un océano. Y que, si nadie hace nada y en general la gente sigue sin cambiar su hábito de consumo, todo esfuerzo es en vano. Pero quiero creer que hay más personas como yo. Y si no, animo a que adoptes estos pequeños gestos. Próximo reto, ¿zero waste?

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