MONTSERRAT GUERRA: CADA VEZ MÁS GENTE REQUIERE DE ATENCIÓN PROFESIONAL.

“EN EL CONFINAMIENTO NO TODO HA SIDO MALO, NI PARA TODO EL MUNDO. HAY PERSONAS QUE HOY SON MÁS CONSCIENTES DE QUE EL ESTILO DE VIDA QUE LLEVABAN NO ESTABA DÁNDOLES BUENOS RESULTADOS DE SALUD Y BIENESTAR”.

POR IVÁN DÍAZ CABRERA.

Montserrat Guerra Saiz, Psicologa.

Montserrat Guerra Saiz es la directora de uno de los centros de psicología más prestigiosos de Santander. Junto a su gran equipo de profesionales, Montserrat dirige el área clínica de su centro. En su dilatada trayectoria profesional, ha ejercido como directora de un centro de Unidad de Psicoterapia, ha sido Ponente y Directora de cursos a grupos, organismos y empresas y Tutora en Grados y Máster en prestigiosas universidades como Deusto, CEU, UNED e ISEP. Especialista en varios campos de la Psicología, nos reunimos con ella para abordar la actualidad de la pandemia en la que nos encontramos inmersos en dos de los campos de los que es conocedora: la Psicología Infantil y la Terapia Adulta.

P: Nos encontramos ante una situación excepcional para todos y en todos los campos. ¿Cómo le ha afectado esta crisis a su gabinete?

Hemos pasado por distintas fases, al ser centro sanitario certificado por la Consejería de Sanidad y todo nuestro personal son psicólogas clínicas habilitadas, hemos podido estar disponibles para aquellos pacientes que por urgencia o gravedad necesitaban de un continuo seguimiento. El resto de las terapias de seguimiento pasaron a online.

Nosotros llevábamos tiempo trabajando sesiones online, pero con otro volumen de trabajo, por lo que hemos realizado un gran esfuerzo técnico en un tiempo muy reducido. Todos los/as pacientes fueron avisados de que se mantenían las sesiones en aquellos casos de necesidad.

Aún así, cada psicóloga ha ido llamando a los pacientes que podían correr más riesgo haciendo seguimiento periódico y también a aquellas personas que trabajan en centros de salud, residencias y colegios, como medida de apoyo.

Gracias a ello, se han podido evitar recaídas, continuidad en hábitos saludables, manejar situaciones de gran ansiedad, acompañamiento en pérdidas (tanto personales como laborales, principalmente).

Con el paso de las semanas, se fue incrementando el número de pacientes que requerían atención, hasta la actualidad, que nos estamos encontrando con una demanda de pacientes nuevos.

P: Creo que no somos conscientes de la situación ante la que nos encontramos y que por ahora hemos pasado lo peor, pero esto va a suponer un impasse en el campo mental para todos. ¿Cómo va a afectarnos esta situación a nivel psicológico?

Todos/as somos diferentes y vivimos en una situación distinta, pero esta crisis sanitaria nos ha unido, ya que no conoce de credos, razas, nivel económico… todos nos sentimos vulnerables o sentimos que un ser querido puede estar en riesgo. Muchas de nuestras convicciones, se han puesto en tela de juicio, nuestras motivaciones y sueños aplazados, los pilares que sostenían el día a día se han movido. Y eso implica una reconstrucción y salir de patrones, que igual han quedado obsoletos. La reinvención no siempre es fácil y puede ser dolorosa.

Hay que hacer acopio de una buena resiliencia***, no siempre trabajada en nuestras habilidades… principalmente, focalizar en los problemas de forma unitaria, centrándonos en aquellas cosas que sí podemos hacer y están en nuestra mano.

Los confinamientos conllevan una falta de estímulos, sensaciones de estar atrapados, indefensión, … por lo tanto, nuestra mente refleja una sintomatología ansiosa, depresiva, pensamientos rumiativos, miedos ante un peligro incierto e invisible… intenta escapar, no siempre, con los mejores mecanismos.

***La resiliencia es la capacidad que tiene una persona o un grupo de recuperarse frente a la adversidad para seguir proyectando el futuro.

P: ¿Depende de la edad la mayor o menor afectación mental? 

Generalmente la edad, no es un factor a tener en cuenta en gravedad, si suele afectar de distintas maneras en función de los riesgos que percibe la persona, si bien es cierto, que las etapas evolutivas sitúan a cada persona en una serie de necesidades vitales diferentes.

Muchas veces, viene más marcado más por personalidades previas (personalidades ansiosas, obsesivas, depresivas en un grado moderado pero funcional, ahora pueden verse desbordadas). Dichas personalidades se ven incrementadas ante una situación desconcertante.

P: Y, en el caso de los niños, ¿cuáles serán las edades más afectadas? y ¿en qué aspectos les podría afectar?

Las edades donde nos estamos encontrando mayor preocupación es en las edades comprendidas en los primeros años de primaria (7 a 10 años) donde las relaciones con iguales comienzan a darse y la falta de relaciones sociales y movilidad (ir al parque, cumpleaños, el recreo en el colegio…) están acarreando mayor sintomatología depresiva. 

Los niños/as más mayores suelen ser más prolíficos en las nuevas tecnologías y han podido mantener en mayor o menor manera sus relaciones personales, aunque en un formato deficiente y no carente de otros riesgos. Pero su necesidad de relación se ha solventado mínimamente.

Comenzamos a ver conductas disruptivas marcadas por patrones algo adictivos a los videojuegos o a muchas horas con consolas, tablet, televisión… los/as niños/as tienen altas rabietas, se muestran irascibles, se aíslan en sus cuartos, … queriendo participar poco o muy poco con el resto de los miembros de las familias. La falta de deporte y de estímulos nuevos, también, afectan a los hábitos de la vida diaria, a la alimentación y asumir ciertas responsabilidades, totalmente necesarias para un desarrollo adecuado tanto cognitivo, emocional como físico.

Dentro de todo lo posible se debe intentar continuar con una vida lo más cercana a la situación anterior al Covid-19. Con la desescalada, se espera que muchas de estas situaciones se vayan normalizando.

P: ¿Qué consejos les darías a esos padres para intentar paliar el impacto en los niños más afectados?

Que es un trabajo constante, día a día. Intentar que no absorban demasiada información y si es así, contrastada y de las mejores fuentes, la importancia del dialogo y de juegos en familia, que los menores compartan obligaciones y responsabilidades en las tareas escolares y de casa, favorecer la independencia y los espacios individuales. Controlar los tiempos de uso de las tecnologías, con búsqueda de otras alternativas más reales (demasiada realidad simulada o virtual, que desconecta al menor de la verdadera realidad). Limitar el miedo a la enfermedad con pautas coherentes y responsables de seguridad. Las familias en algunos casos, realizan patrones que pueden general sentimientos de indefensión en el menor y favorecer sintomatología hipocondriaca. Hacer uso del deporte, buena alimentación y horarios adecuados.

En el caso de perdida de algún familiar, tener tiempo para que el menor pueda preguntar, expresar sus emociones y poder despedirse, si así lo necesita (puede escribir una carta, recibir un objeto que pueda conservar, hablar de los recuerdos que tiene con esa persona).

Para el menor esta es una situación nueva y aprende por modelaje de los adultos que tiene a su alrededor, el mayor problema aparece cuando lo que dice el adulto y lo que hace no se encuentra en sintonía, generando en el menor dudas de cómo debe comportarse. 

P: Teniendo en cuenta que cada persona es un mundo y que no afectará igual a todos, ya que el estado mental previo incidirá también para esta nueva realidad, ¿qué consejos o pautas, en líneas generales, podrías dar a cualquier persona para que se conciencien de que nada volverá a ser igual por lo menos en un corto-medio plazo?

Cuando comenzó el estado de alarma, la mayoría de las personas optaron cognitivamente y emocionalmente en coger su vida, sueños, proyectos, actividades, relaciones… y proyectarla tal cual, dos o tres meses en el calendario. A medida que iban pasando las semanas y la situación nos iba dando una realidad diferente, muchas personas comenzaron a darse cuenta de que muchas de esas opciones ya no eran tan posibles a corto y medio plazo. Aparece un duelo, porque se pierden cosas constantemente. Y aparecen las distintas fases que no tienen que ser consecutivas y no tienen unos tiempos determinados: 

Etapa de la negación (la no aceptación de lo que está sucediendo).

Etapa de la ira (la búsqueda de responsables o culpables, nace de la sensación de que no hay solución posible).

Etapa de la negociación (fantasear con posibilidades u otros posibles resultados).

Etapa de la depresión (tristeza profunda o sensación de gran vacío).

Etapa de la aceptación (comienzo de una vida diferente).

Es desde la fase de aceptación cuando la persona está abierta a nuevas alternativas y cambios. Muchas veces, es aprender a focalizar en las habilidades, situaciones, personas, cosas que sí se tienen o se cuenta con ellas, frente a centrar toda la atención en las que se han perdido. Realizar un proyecto de vida, en algunos aspectos no se puede trabajar pero existirán otros en los que aún podemos hacer mucho trabajo.

P: Dejando un poco de lado el coronavirus, teniendo en cuenta que el estrés ha sido considerado como la gran enfermedad del siglo XXI y con su dilatada experiencia laboral, ¿podría afirmar que realmente se ha detectado un incremento de esta enfermedad en los últimos años?

Sin lugar a dudas, estamos en un estilo de vida donde todo se consume a gran velocidad y eso tiene consecuencias. No todo ha sido malo ni para todo el mundo, hay personas que hoy son más conscientes que el estilo de vida que llevaban no estaba dándoles buenos resultados de salud y bienestar. Contamos con un grupo de población que ha utilizado estos meses para realizar un examen de vida y se muestran decididos a cambiar. Familias que han reforzado lazos y nuevamente se han encontrado.

P: Bajo una mirada global, los psicólogos siempre han sido profesionales “ocultos” de cara a la sociedad, ya que en muchos casos se niega la asistencia a terapias por miedo o rechazo de la sociedad. ¿Por qué cree que ha tenido siempre ese efecto negativo? ¿Cree que está disminuyendo esa percepción?, ¿a qué se debe?

Siempre se nos asocia con el dolor, la enfermedad y lo no confesable. Nada que ver con la realidad actual, los psicólogos clínicos realizamos el acompañamiento con una persona o un grupo de personas para conseguir un objetivo aportando aquellas herramientas con las que contamos. Una de nuestros pilares es no realizar juicios, consideramos que la persona ha intentado por sus propios medios conseguir la vida y el bienestar que esperaba, pero que por uno u otros motivos no logra. Observamos y escuchamos con atención su historia vital y podemos acercarnos desde una visión no culpabilizadora que es lo que puede estar pasado y por qué. Casi nadie ha tenido una vida fácil y muchos patrones disfuncionales pueden quedarse atascados, repitiéndose sin que la persona entienda porque se producen.

Trabajamos con la persona en equipo desde alta sintomatología hasta toma de decisiones, proyectos de vida, rupturas emocionales, pautas de crianza, apoyo a las oposiciones o gestión de dietas… por poner algunos ejemplos. Cada día estamos más presentes en lo cotidiano y creo que eso también se va reflejando en la visión que se tiene de nosotros.

P: ¿Cree que existen sensaciones o sentimientos “clave” que determinen en qué momento deberían de necesitar la ayuda de un profesional? 

Cuando duele y nos ahoga. Principalmente cuando nos está robando calidad de vida. Es mejor y más fácil cuando antes se intervenga.

P: Para ir finalizando con la entrevista, en los últimos años se menciona la utilización de terapias psicológicas como si se acudiera a un especialista más como algo rutinario en muchos casos, ¿considera que es necesario “ponerse en manos” de un psicólogo sin aparente necesidad? o, por el contrario ¿solo lo considera necesario cuando realmente existe un problema que no podemos solventar nosotros mismos?

Cuando alguien piensa en ir a un psicólogo ya está sintiendo que quiere cambiar y que tiene unas necesidades que abordar. Existen tipos diferentes de terapias y de profundidad a la hora de trabajar. No somos iguales y no necesitamos las mismas cosas. 

Evidentemente, cuando existe una sintomatología que a la persona le esta ocasionando problemas en su conciliación con sus distintas áreas de su vida, la necesidad se hace más palpable y urgente. 

Cada vez es más frecuente terapias de apoyo a situaciones difíciles, como enfrentarse a exámenes o entrevistas de trabajo, preparación a oposiciones, apoyo en acuerdos de separación, evaluaciones de altas capacidades o problemas del desarrollo, … La necesidad de un psicólogo viene marcada por la búsqueda del cambio.

Muchísimas gracias por su tiempo, espero que esta entrevista le pueda servir a mucha gente que está pasando momentos difíciles.

PARA MÁS INFORMACIÓN CONSULTE SU WEB: https://psicologoensantander.com/

3 comentarios en “MONTSERRAT GUERRA: CADA VEZ MÁS GENTE REQUIERE DE ATENCIÓN PROFESIONAL.

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