SU PRIMER DÍA, VIVIENDO UN SUEÑO HECHO REALIDAD.

POR SANDRA OCÓN.

El primer día fue como de ensueño, Zoe dormidita en la cuna, nosotros recibiendo felicitaciones por todas partes, llamadas, Whatsapps, enviando mil fotos a la familia. Al final ha sido sorpresa para todos, porque ninguno se esperaba que naciera un día antes.

Yo, a pesar de haber estado toda la noche sin dormir y la operación, estoy muy alerta, serán las hormonas. Me la pongo al pecho y ya empieza a succionar, aunque no creo que se lleve mucho al estómago, porque algo de calostro (lo primero que genera el pecho antes de la leche materna) empieza a salir, pero poquito. Aun así ella está muy tranquila y nosotros felices. Lo único malo es que no me dejan comer ni beber nada en todo el día. Hasta final de la tarde no me dejan beber agua y es lo único que puedo tomar hasta el día siguiente.

A última hora de la mañana pasó la pediatra con la enfermera y me preguntaron si Zoe había hecho caca. Lo primero que echan se llama meconio, que es como la brea, negruzco y muy pegajoso. Es todo lo que tienen en los intestinos desde que están en la tripa. Hasta entonces no había echado nada, pero cuando ellas la mueven para inspeccionarla, empieza a hacer fuerza y ¡sorpresa! Ahora sí… Por los comentarios de ellas (yo sigo en la cama tumbada) dicen que ha sacado lo suyo y lo de todos los bebés de la planta, ja ja ja. 

El día lo pasamos tranquilas, la noche ya fue otra cosa. Entorno a las ocho, empezó a llorar, así que intenté que comiera algo, pero al poco se vuelve a poner furiosa. Al rato entró una enfermera a ver qué pasaba, porque se la oía desde el control. La cogió y nos dijo que tiene la tripita dura, que tenía un cólico, así que nos enseñó cómo cogerla para aliviarla y que se calmase. Y acto seguido, como por arte de magia, se calló y se calmó, ¡lo que hace la experiencia! Nosotros estamos muy verdes todavía y nos queda mucho camino por descubrir.

Hasta las dos de la mañana, no terminó de calmarse y dormirse. El resto de noche fue mucho mejor para Zoe, porque nosotros no pegamos ojo por estar pendientes a cada ruido o movimiento que hacía. 

En el hospital estuvimos solo tres días. Los dos primeros días perdió peso, como es normal, pero al tercer día había recuperado 100 gr., mucho para llevar tan poco tiempo, pero es que a mí me había subido ya a leche, por lo que estaba comiendo día y noche. La cicatriz me tiraba mucho y no me dejaba dormir ni moverme casi, así que me tuvieron que poner Analgesia para calmar el dolor, pero sé que eso va a ser así unos días, no es nada raro. Aitor me ayudó a levantarme para ir al baño y para poder cambiarme de la cama al sillón, ya que tenía que intentar moverme para cuando vayamos a casa poder tener más movilidad. 

La primera vez que me pongo en pie me veo tan hinchada que no puedo ni doblar los dedos de las manos o de los pies. La cara también la tengo muy hinchada, pero según pasan las horas voy deshinchándome y sintiéndome mejor. El segundo día ya pude cogerla en brazos y ¿a qué no sabéis qué hace en ese momento? Pues sí, estaba sin pañal y se volvió a mear encima de mí y parece ser que no iba a ser la última vez, ya que lo estaba cogiendo como rutina.

En el hospital te explican todo lo que tienes que hacer para registrar al bebé, empadronarlo, darlo de alta en la tarjeta sanitaria de uno de los padres y cómo solicitar las bajas maternales y paternales. Parece sencillo, pero no. Si hubiera nacido en circunstancias normales, podríamos ir directamente a las administraciones para hacer el papeleo, pero con el coronavirus todo ha cambiado. No dan citas previas, los teléfonos que nos facilitan tampoco nos solucionan nada porque salen como que no existen o simplemente informan que se puede gestionar a través de la web, pero nada más. Tendrá que pasar casi un mes, hasta tener tramitada la baja maternal. El libro de familia lo hemos podido hacer y registrar por tener contactos, que si no, hasta el año que viene no hay cita previa para hacerlo.

El día que nos van a dar el alta, le hacen a Zoe la prueba del talón, para analizar la sangre que le sacan con un pinchazo (menuda aguja) y descartar muchas enfermedades. Esta prueba la envían a Zaragoza y tarda unos días en contestar, me mandarán a casa los resultados y tengo que llevárselos a la pediatra en la primera revisión a los 15 días de vida. También le hacen una prueba para saber si oye bien. Esa no le duele, menos mal, ya ha tenido suficiente con el pinchazo del talón, pobrecita mía.

Antes de irnos me quitan la vía y a Zoe la pinza del cordón umbilical, ahora toca limpiar bien el ombligo hasta que se le caiga el trozo de cordón que queda, porque si no se limpia bien puede haber infección y debe ser bastante problemático si eso ocurre.

Ya estamos listos, vestimos a la pequeña con su trajecito nuevo, regalo de una de sus abuelas y nos vamos para casa. Ahora toca viajar en el coche en el asiento de atrás con ella, mientras Aitor hace de taxista.  Cuando llegamos a casa nos damos cuenta de cómo está todo manga por hombro, la cama sin hacer, sin nada en la nevera preparado, sin preparar el moisés para dejar a la pequeña… vaya, que pensaba que tenía todo más o menos listo pero al adelantarse, no me dio tiempo a dejarlo todo preparado, como me hubiera gustado.

Bueno, ahora poco a poco, iremos acondicionando la casa para que sea lo más práctica posible. Ahora toca disfrutar de nuestra hija, que tras tanta espera ¡ ya nos lo merecemos!

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